¡El mundo está en guerra!

Publicado: marzo 30, 2014 en Uncategorized

Fue la primera frase que le escuché a Antonio Herrero en Antena 3 Radio cuando encendí el transistor de la cocina en la mañana del 18 de enero de 1991. No fue una sorpresa, se veía venir que los aliados iban a intervenir con un ataque aéreo, pero el tono de Herrero en su programa La Mañana hacía pensar que algo había cambiado en las últimas horas, como si durante la noche y la madrugada los gobiernos de todo el mundo hubiese entrado en la misma guerra, como si se hubiesen detenido los conflictos abiertos desde hace años en el planeta para centrarse únicamente en este.

El viaje al cole en el coche con mi padre tuvo como banda sonora las incursiones aéras de los aliados. Que si habían destruido las defensas, que si habían entrado hasta la cocina, que apenas encontraban resistencia desde el Golfo… Pasé la mañana pegado a la radio. Mientras estaba en clase escuchaba a escondidas con el auricular metido por la manga Radio Nacional, que prácticamente emitía los ataques en directo; tal y como había hecho la CNN en aquellas imágenes nocturnas traducidas al verde de las cámaras de visión nocturna con las ráfagas antiaéreas que quedarán como el icono del principio de la caída de Irak.

Salimos al recreo y no hablamos de otra cosa. Aquel día ni jugamos partido. -Claro, es que como en Zaragoza tenemos Base Americana, igual tenemos un misil apuntándonos…, decían algunos. Y así pasamos el día repitiendo los comentarios que oíamos por la radio: que si los aviones furtivos, que si los mirage franceses habían atacado, que si los F-15 habían bombardeado, que si los Tornado volaban a ras del suelo del desierto…

A la mañana siguiente puse de nuevo la radio de la cocina para escuchar el segundo capítulo de El mundo está en guerra. Y la verdad que seguramente debido al empacho del día anterior, parecía que la guerra había terminado. Me fui andando a la parada del autobús, como casi todos los días cruzando la pasarela peatonal sobre la nacional 232 que siempre ofrecía una visión privilegiada del amanecer. Cuando llegué a lo alto de la pasarela mis ideas de que la guerra había terminado se esfumaron de repente. A lo lejos, en el horizonte, vi una fila de luces en el cielo acercándose. Eran aviones de transporte americanos. Conté 12 aviones, perfectamente alineados uno detrás de otro, con la separación mínima para hacer la operación lo más rápido posible. Venían cargados de guerra.

 

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