100 despegues seguidos.

Publicado: marzo 16, 2014 en Uncategorized

El comandante robó una de las furgonetas para llevarme a la línea de vuelo de la zona sur de la Base de Zaragoza. Me acababa de ofrecer poder ver todos los aviones de cerca.-Pasaremos sin parar, aprovecha para ver los aviones porque si nos ven circular despacio, sospecharán y no nos dejarán seguir.- dijo. Esa línea de vuelo había sido contruida para los americanos y tenía que servir para estacionar aviones cisterna y de transporte, es enorme, tiene un par de kilómetros de larga. Si algún día la ves, pensarás que es imposible llenarla de aviones. Pues aquel día estaba repleta de aviones.

F-18, A-7, A-10, Sepecat Jaguar, Mirage 2000, Tornado, Mirage F-!, los majestuosos y enormes F-15E Strike Eagle con esquema negro, F-4, F-16, KC-130, KC-135, E-3 AWACS… Soy incapaz de revivir la adrenalina de aquellos momentos mirando por la ventanilla de la furgoneta. Y este era solo el anticipo, era la jornada previa a un día de entrenamiento en el mayor ejercicio y despliegue de la OTAN que ha vivido Zaragoza en los últimos años tras la era de la Base Americana, el NAM 98. Había acudido aquella mañana a la Base en busca de las acreditaciones pero desde luego no esperaba poder ver todo aquello. Fueron pocos minutos pero tan intensos, que puedo recordar detalles: casi todas las cabinas estaban abiertas, las tripulaciones danzaban alrededor de las aeronaves mientras trabajaban en la puesta a punto, pilotos hablando con mecánicos, operarios limpiando partes de los aviones.

Salí de la base con un subidón tremendo. Jamás se había visto semejante estampa en Zaragoza, salvo en la primera guerra del Golfo, en el año 91; con la salvedad de que en aquel momento entrar a la base a ver aviones era absolutamente impensable.

Al día siguiente nos recogieron  en la entrada para llevarnos a un briefing en la sede del Ala-15 donde nos explicaron el desarrollo del ejercicio. El NAM fue un ejercicio de coordinación de varios tipos de misiones, con diferentes aeronaves que atacaban o defendian, dependiendo de su bando, un territorio. Los AWACS hacía de puesto de mando avanzado para coordinar la supresión de defensas antiaéreas para que los bombarderos pudieran entrar en la zona, mientras los cazas eliminaban cualquier amenaza del enemigo. Esto, a grandes rasgos, claro.

Aquella mañana nos llevaron a los periodistas casi al final de la pista 30L12R, la pista larga de la base, que tiene casi 4 kilómetros de longitud. De camino vimos cómo rodaban los KC 135 para repostaje en vuelo. Eran abosolutamente enormes. Dentro del autocar los periodistas interrogábamos a los militares para saberlo todo. ¿Quién paga el combustible? ¿Y quién paga la estancia de los militares? ¿Qué armamento llevan los americanos?… Muchas no obtenían respuesta porque eran confidenciales, aún así insistíamos.

Y llegamos a la zona asignada. Los fotógrafos habían pedido el sitio más cercano posible a la pista, y la verdad es que casi podíamos tocar los aviones cuando pasaran. -No os asustéis si oís ruido entre los matorrales, por aquí abundan los conejos-nos indicaron. Un comandante nos dio instrucciones claras sobre cómo estar en la zona: hay que taparse los oídos cuando los cazas pasen a nuestro lado. El ruido de un reactor militar despegando es infernal, pero él lo explicó de una manera más sutil: -Es un pelín desagradable.- Y añadió, -no hagáis señales a los pilotos, se ponen nerviosos si ven que algo se mueve, además estamos más o menos en el punto donde despegan; así que mejor no despistarles.- Era increíble poder estar ahí, a 2 metros de nosotros estaba el asfalto de la pista. Alrededor de nosotros un cordón limitaba los movimientos, teníamos una posición más que privilegiada.

Faltaban unos 20 minutos para los despegues, de fondo se escuchaba la puesta en marcha de los aviones, otros empezaban a rodar. Era frenético. Los aviones grandes, cisternas y AWACS, se habían ido ya hacía un buen rato. Ahora era el momento de los cazas. Silbido constante de fondo, coches de señaleros moviéndose por las pistas de rodadura. Día de sol y moscas, no podía hacer una mañana mejor para volar. El primero en llegar hacia nosotros fue un Tornado alemán. Por detrás de él, al aire hervía, sus motores estaban a plena potencia. Y cada vez se hacía más grande, a medida que se acercaba a nosotros. La pista de Zaragoza tiene un largo bache a mitad de pista, así que veíamos que el avión desaparecía bajo tierra para volver a aparecer ante nosotros rugiendo como un dragón atacando. Sin hacer caso a las advertencias quise experimentar el sonido, quise aguantar sin taparme los oídos, pero fue instintivo, como un acto reflejo, una vez que el caza llegó a nuestra posición las manos se me fueron a las orejas sin querer, era insoportable unido a la sensación de que el cuerpo me iba a reventar, supongo que por el propio ruido del avión y por el aire que desplazan los cazas. Aquellos segundos pasaron muy despacio. Recuerdo respirar con la boca abierta, como si acabara de hacer un gran esfuerzo. El Tornado pasó, los posquemadores iban al rojo vivo, el olor a queroseno nos impregnaba como si lo estuviéramos bebiendo. Fue desagradable, bastante desagradable, incluso para un aerotrastornado como yo. La gente quería retirarse, aquello era demasiado, pero los pilotos nos pidieron que nos quedáramos, era el peor momento para salir corriendo de allí. -Os acostumbraréis enseguida-, nos decían los militares que nos custodiaban. Pensé que los militares nos querían gastar una broma, no podríamos aguantar mucho rato ahí. Y casi sin tiempo de habernos recuperado del susto, a los pocos segundos, apareció otro Tornado con su rugido infernal; y otra vez el cuerpo se me resquebrajo. Recordé el momento que había vivido de crío cuando un Phantom nos pasó a pocos metros sobre nuestras cabezas durante una exhibición, quise salir corriendo de allí, pero venía otro Tornado, y después empezaron a salir los F-4, que todavía hacían más ruido. Agradecimos el sonido de los F-16, parece mentira que con un motor menos se note tanto la diferencia de sonido. Y ya aplaudimos cuando vimos a nuestros F-18, que además despegaron en formación de parejas. Ahí está la pitera, vengaaaa valienteeeees. Los A-10 pasaron y parecía que llevaban los motores apagados, no se les oía pese a llevar los motores fuera del fuselaje. Luego vendrían los A-7 Corsair portugueses en una de sus últimas misiones antes de ser sustuidos por F-16. Y los franceses hicieron gala de su chovinismo levantando el avión a pocos metros del suelo, recogiendo el tren hasta alcanzar los 190 nudos de velocidad y luego palanca atrás para hacer un ascenso en picado, muy de los franceses, sí.

Pasaba el tiempo y tenía que enviar mi crónica a la radio, no paraban de llamarme para pedirla, el tiempo del informativo se echaba encima, pero era imposible, cada vez que empezaba a hablar , el rugido de un avión me obligaba a taparme corriendo los oidos para que no me reventaran. Finalmente y después de casi 20 minutos diciendo frases sueltas, desde el control central pudieron unir las partes para editar lo que les mandé. Por delante de nosotros habían despegado 100 aviones.

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comentarios
  1. fsoguero dice:

    Ha costado la nueva entradica eh?… Mi tío trabajaba en la base americana, y me dijo que un día me llevaría a ver los aviones. Pero la cerraron antes y me quedé con las ganas. Pero tengo un billete de dólar qye me trajo él de la base guardadico como oro en paño.

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