En el nido de las Águilas.

Publicado: junio 20, 2011 en Uncategorized

¡¡Encantado!! Dijo.

Intuí que no mucho. Le habían dicho que yo trabajaba para la prensa y un poco de recelo me esperaba. No terminamos de gustarnos, no sé por qué. Quizá porque ellos piensan que la prensa dice tonterías, y nosotros porque a veces creemos que los militares están muy cerrados en su mundo. Bueno, juicios aparte, estaba en el nido de las Águilas, en plena línea de vuelo. Delante de mi unos 40 aviones entrenadores C-101 Aviojet, con los característicos esquemas naranjas en las puntas de las alas y del fuselaje para advertir de que es un avión de entrenamiento. Pero a mi lado, el Águila-1. Posado en tierra, agarrado al suelo con lo cables de la estática. Brillante. Esperando echar a volar.

El Teniente que me recibió era un piloto reserva de la Patrulla, pero estaba a punto de estrenarse. Con suerte le tocaría alguna sustitución durante el mes de agosto. Era instructor de la Academia de San Javier. Después de terminar la carrera había elegido quedarse en el nido de las Águilas como instructor. Se sentaba cada día en el cockpit trasero mientras el piloto-cadete trataba de domar el Águila. Hay que echarle un par de narices para ponerse ahí. Algún cadete ya le había revuelto el café de la mañana durante alguna clase. Lo mejor en esos momentos, me decía, es no poner más nervioso al cadete. Después ya revisaremos el error, pero es fundamental que el piloto se meta y salga solo de sus problemas. Algún día volarán sin alguien que les pueda ayudar. Siempre trataba a sus alumnos de usted, no soportaba el blandenguerío que les estaba llegando a la Academia. -Se quejan de todo, decía el instructor-. Ahora tienen 2 tipos de aviones, simuladores, horas para estudiar, los mejores manuales y buenos instructores que se saben hasta el último circuito del avión. Y resoplaba al contarlo, como queriendo decir “a éstos me gustaría verlos hace unos años cuando no teníamos suficientes aviones para volar”. El Teniente parecía sincero. Se le notaba disciplinado, minucioso, perfeccionista. A partir de ahora, lo llamaré Luis.

Tomó la escalera amarilla y se la colgó al pájaro para que pudiéramos subir a cabalgarlo. Abrió la capota. Y empezó a señalarme todo lo que no podía tocar. Hubiese sido mejor decir qué podía tocar; pero así aprendí más. -No pongas los pies en el asiento al bajar a la cabina, debajo hay cohetes. No toques la palanca amarilla, suelta la capota del avión. No toques este interruptor o dejaremos al avión sin arranque.- Vamos, como el que te dice que te deja el coche, pero en el fondo está sufriendo como un condenado, y además te va poniendo en antecedentes: -Pues un día vinieron de un cole y un chaval le dio a la palanca amarilla. La capota cayó al suelo y la reparación le costó a la Academia 6000€. Vamos que ver a su Águila encerrada en el taller una temporada era como verla en una jaula que no le dejara volar.

Cerramos la capota. Quería a estar a solas con el bicho. Estaba en la “oficina” de Luis. Bueno, en realidad, en la “oficina” del Líder de la Patrulla. Allí estaba el horizonte artificial, el medidor de la velocidad del aire, el altímetro, la radio, el sistema eléctrico, el generador de humo. Pero quería ver lo que ven las Águilas, qué sensaciones se tienen en el avión… ¿Se ve bien la cola del avión? Y me giré. ¿Puedo ver algo del suelo? Y me asomé. ¿Cómo tomo la referencia con los otros aviones? Y miré al avión que estaba aparcado al lado del mío pensando que en vuelo debería de estar mucho más cerca… Me imagina diciendo por radio aquello de -Águila, preparados para rotura en 3 tiempos… Ya! Ya! Ya!-. Como un niño con el juguete más grande y caro al que ha jugado jamás. ¡¡Ostras!! Que aún no he cogido la palanca de mando y los gases… A ver si es cómodo. Lo hice lo más disimuladamente posible. Luis me había prohibido tocarlas. Jijijijiji. Como no había hidráulico hasta la moví, temiendo que se iban a mover los alerones. Pero Luis, que es muy cuco me cazó. No lo toqueeees.

Bajé del avión y, pobre Luis, lo fundí a preguntas. Y empezamos a hacer eso que hacen los pilotos para hablar: mover las manos como si fuesen aviones y emular con ellas toneles, giros, looping, roturas, cruces… Me sentía como uno biólogo de esos de los documentales estudiando a los bichos. Yo estaba intercambiando mensajes con las Águilas. Y nos entendíamos.

Aprendí a coger la referencia del avión de al lado. -Hay que confiar en el Líder, decía Luis, él nos lleva. A veces estamos haciendo un tonel, no podemos dejar de mirarle porque tenemos que mantener la formación equilibrada, y no sabemos en qué posición estamos porque perdemos la referencia exterior. Puedes estar boca abajo y no enterarte. Las primeras veces, desde luego, pasa-. Me hablaba del avión como si fuese un coche del que conoces todos sus límites porque lo has puesto a prueba. -Si haces el giro aquí pierdes mucha energí y pierdes a los aviones de la formación-.

Una mañana entera queriendo saber más que los propios cadetes. Me quedé colgado de las historias, como aquella que me contó de un día que su cadete se mareo en pleno ejercicio y casi se estrellan. Hay un día en el curso que los pilotos tienen que volar a ciegas, les ponen una tela rodeando la cabina, no pueden ver el exterior, deben guiarse solo por los instrumentos. Y las sensaciones del avión engañan al oído, que da una información incorrecta de cómo estás situado en el aire. Pues eso, que el piloto volaba de manera contraria a como creía.

Horas después estaba tumbado en la playa de Lopagán viendo el ensayo que la Patrulla suele hacer todos los viernes sobre el Mar Menor. Y a mi cabeza vinieron todas las historias de la mañana, todos los detalles técnicos que me había contado el Teniente, todo lo que tienen que saber sobre su montura, todo lo que se estudia para volar, todo lo que se dicen durante la exhibición para coordinar las formaciones…

Pocos meses después la Patrulla voló en Zaragoza. El día de la exhibición busqué a Luis para saludarle, pero no daba con él. Le vi en los posters, en las fotos del equipo; pero no estaba. ¿Habría cambiado de destino?

Los aviones pasaron por encima del público, formación cuña, humo blanco. El speaker presentó al equipo: Luis llevaba el punto número 5. Por fín, el Águila reserva voló junto al resto de la bandada.

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comentarios
  1. Elena dice:

    Genial!!!!!!

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